Desperté. No sabía dónde estaba. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que Katniss no estaba allí. Estaba solo en una habitación blanca. Empecé a gritar el nombre de ella pero eso solo empeoró las cosas: sonó el himno del Capitolio y de repente vi que de una de las paredes salieron rastrevíspulas, eran varias y todas me atacaban, intenté golpear las paredes para poder escapar pero nada funcionaba. En un momento me caí, no tenía fuerzas y mi cuerpo se desangraba. Deseé hacer algo que me recordara a ella, para olvidar el dolor, así que con mi propia sangre y mis manos la empecé a dibujar en el suelo junto a mi, empecé a dibujar a la única persona que amé desde pequeño, a la que amaré toda la vida: a Katniss, mi prometida. - Peeta Mellark